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Caminos de los Cerros Orientales: el ascenso desde Usaquén

Caminos de los Cerros Orientales: el ascenso desde Usaquén

En el extremo nororiental de Bogotá, cuando la ciudad apenas despierta, se abre un sendero que conecta a los caminantes con la memoria viva de los Cerros Orientales. El recorrido desde Usaquén es uno de los más recomendados para quienes buscan un contacto directo con la naturaleza, acompañado de un desafío físico de intensidad media-alta.

La cita es puntual: 6:30 de la mañana. A esa hora, mientras el sol comienza a iluminar los tejados y avenidas de la capital, los caminantes ya se reúnen para emprender el ascenso. La ruta cuenta con el acompañamiento de guías ambientales y de la Policía, lo que garantiza seguridad y orientación a lo largo del trayecto.

El esfuerzo pronto se ve recompensado. Los cerros, con su vegetación exuberante, revelan una mezcla de especies nativas que conforman un corredor vital para la fauna y el equilibrio ecológico de la ciudad. Los sonidos de las aves, el aire más limpio y la sombra de los árboles van marcando el paso, recordando la importancia de estos ecosistemas en la vida cotidiana de Bogotá.

Al llegar a la parte alta, el esfuerzo encuentra su mayor premio: una vista panorámica espectacular que abarca desde el norte hasta el centro de la ciudad. Allí, mientras Bogotá se despliega bajo los pies del caminante, es posible imaginar cómo era este territorio hace quinientos años, cuando los cerros eran testigos silenciosos de ríos más limpios, cielos despejados y sabanas aún intactas.

Para participar en estas caminatas es necesario inscribirse previamente en la página oficial de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá: caminos.eaab.gov.co. Allí se habilitan los cupos y se brinda información detallada sobre los horarios y las recomendaciones de cada recorrido.

Caminar por los Cerros Orientales no es solo un ejercicio físico: es un reencuentro con la raíz verde que sostiene a Bogotá. Cada paso recuerda que la ciudad respira gracias a estos ecosistemas y que su conservación depende de nuestra conciencia y cuidado. Al regresar, uno lleva consigo no solo el cansancio del ascenso, sino también la certeza de que proteger los cerros es proteger la vida misma.

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