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Casa Namox: donde la amabilidad también construye territorio


Hay lugares que se conocen por sus paisajes. Otros, por los proyectos que allí se desarrollan. Y hay lugares que terminan quedándose en la memoria por algo mucho más sencillo: la manera en que nos reciben.

Casa Namox es uno de esos lugares.

https://www.instagram.com/casanamox

Llegamos hasta allí como parte del Peregrinaje Semilla Proyecto Gaia, con la intención de compartir unos días de voluntariado, poner nuestras manos y nuestras capacidades al servicio de un proceso y conocer de cerca a quienes habitan y construyen este territorio.

Llegamos también con una donación de herramientas para apoyar su trabajo: serruchos, espátulas y otras herramientas que podrán seguir siendo utilizadas en las labores de construcción y mantenimiento de sus espacios.

Pero rápidamente entendimos que la riqueza de la visita no estaba solamente en lo que llevábamos.

Estaba en el encuentro.

La amabilidad como forma de habitar

Hay una palabra que podría resumir buena parte de nuestra experiencia en Casa Namox: amabilidad.

No hablamos únicamente de ser buenos anfitriones, aunque sus anfitriones lo son. Hablamos de una disposición mucho más profunda: esa capacidad de abrir espacio para el otro, de recibirlo, de compartir una conversación, un alimento, una tarea o simplemente un momento de tranquilidad.

La amabilidad también puede ser una forma de construir territorio.

Porque un territorio no está hecho únicamente de montañas, árboles, caminos, casas o cultivos. También está hecho de las relaciones que ocurren dentro de él.

Y en Casa Namox esas relaciones se sienten.

Sus anfitriones nos abrieron las puertas de su cotidianidad y nos permitieron participar de algunas de sus labores. Así, nuestra visita se convirtió en una oportunidad para conocer de cerca un proceso que se construye con trabajo, dedicación y muchas manos.

Poner las manos en la obra

Durante nuestra estancia nos sumamos a la construcción del techo de una de sus cabañas.

El trabajo físico tiene una particularidad: rápidamente nos recuerda que las ideas necesitan manos para convertirse en realidad.

Subir materiales, medir, cortar, ajustar, sostener, preguntar, equivocarse y volver a intentar.

Son acciones sencillas, pero también son una manera de conocer un lugar.

Mientras trabajamos, conversamos.

Y mientras conversamos, conocemos.

Cada jornada nos permitió acercarnos un poco más a la historia de Casa Namox, a sus proyectos y a las personas que hacen posible que este territorio siga tomando forma.

Eso fue parte esencial de nuestra experiencia de voluntariado durante el Peregrinaje Semilla Proyecto Gaia: llegar, trabajar y aportar nuestras capacidades a un proceso que ya está en marcha.

Un territorio que enseña

Casa Namox nos recuerda que cada territorio tiene sus propios ritmos.

Hay cosas que necesitan tiempo. Hay proyectos que se construyen poco a poco. Hay aprendizajes que no caben en un taller ni en un manual.

A veces basta con quedarse unos días.

Compartir una jornada de trabajo.

Sentarse a conversar.

Observar cómo alguien resuelve un problema con los recursos que tiene a mano.

Preguntar.

Escuchar.

Y dejarse sorprender.

En ese acercamiento aparece una idea que para nosotros resulta fundamental: no existe un territorio vacío de conocimiento.

Cada lugar guarda experiencias, saberes y formas particulares de responder a los desafíos de la vida.

El papel de quienes llegamos desde afuera no debería ser reemplazar lo que ya existe, sino encontrar maneras de aportar y potenciar los procesos cuando nuestra experiencia y nuestras capacidades puedan ser útiles.

Inventiva: otras formas de aprender

Dentro de Casa Namox encontramos también Inventiva Centro Lúdico, un proyecto de educación alternativa que se desarrolla en la región de Almeidas y el Valle de Tenza.

Su propuesta pone los intereses de la infancia en el centro del proceso pedagógico y entiende el entorno como una verdadera aula viva. Allí, el arte, el juego y la ciencia se encuentran con la naturaleza y con el ritmo particular de cada niña y cada niño.

Conocer Inventiva nos permitió descubrir otra dimensión de este territorio: la posibilidad de pensar la educación desde otros lugares, aprovechando los espacios, las experiencias y las preguntas que surgen naturalmente durante la infancia.

Es otra muestra de cómo un territorio puede convertirse en escenario para experimentar, aprender y construir alternativas.

Para conocer más sobre este proyecto:

Facebook de Inventiva Centro Lúdico

Instagram de Inventiva Centro Lúdico

Herramientas para seguir construyendo

La entrega de herramientas hizo parte de nuestra visita, pero tuvo un sentido muy concreto: apoyar el trabajo que ya está ocurriendo en Casa Namox.

Serruchos, espátulas y otras herramientas para construir, reparar, mantener y transformar los espacios.

Son objetos sencillos, pero cuando llegan a un territorio donde hay proyectos en marcha pueden convertirse en posibilidades.

Una herramienta no hace el trabajo por nosotros.

Pero facilita que podamos hacerlo.

Por eso quisimos que esta donación acompañara nuestra visita. Mientras ayudábamos durante esos días en algunas de sus labores, dejamos también herramientas que podrán seguir siendo utilizadas mucho después de nuestra partida.

Y quizás ahí está una parte importante del sentido de Semilla: aportar algo que pueda continuar trabajando después de nuestra visita.

Lo que nos llevamos

Ya partimos de Casa Namox, pero algunos lugares no terminan cuando uno emprende nuevamente el camino.

Nos llevamos la experiencia de haber compartido unos días de trabajo, las conversaciones con sus anfitriones, los aprendizajes del territorio y la satisfacción de haber podido aportar nuestras manos a algunas de sus labores.

Nos llevamos también el recuerdo de personas que nos recibieron con una generosidad y una amabilidad que hicieron que nuestra estancia se sintiera cercana.

Casa Namox nos enseñó que un territorio se construye con materiales, herramientas y trabajo, pero también con relaciones, confianza y voluntad de compartir.

Y que muchas veces conocer un lugar no significa simplemente recorrerlo.

Significa detenerse.

Escuchar a quienes lo habitan.

Trabajar junto a ellos.

Observar lo que están construyendo.

Y reconocer que detrás de cada proyecto hay personas que, día a día, están haciendo posible otras maneras de habitar y construir territorio.

Nuestra visita a Casa Namox termina, pero el camino de Semilla continúa.

Seguimos caminando, con nuevas historias, nuevos aprendizajes y nuevas semillas por sembrar.

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