
Hay lugares donde el tiempo se toma su propio ritmo, donde la montaña se despierta con aroma a historia y el café no se sirve, sino que se comparte. Uno de esos lugares es la Finca Amalia, también conocida como La Casa del Ciclista, un rincón escondido en las alturas de Jericó, Antioquia, donde la tradición cafetera, la diversidad agrícola y la calidez humana se entrelazan en cada sendero.




