
Una crónica desde el bosque de niebla en el Parque Natural Las Nubes
Esa mañana amanecí trabajando, como de costumbre, en uno de esos madrugones que nacen más del corazón que del reloj. Estaba concentrado en lo mío cuando apareció Camilo, el anfitrión de Parceritos Hostel, con esa chispa que lo caracteriza y una frase que lo cambia todo:
—Oe Betto, ¿vamos al Parque Natural Las Nubes a las 10?
—¡De una! —le respondí sin pensarlo mucho.


