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Mundos Paralelos: un santuario entre organales y estrellas fugaces

Texto y vivencia: Betto Gómez

En lo alto de Támesis, donde el verde es más verde y el tiempo parece fluir a otra velocidad, existe un santuario llamado Mundos Paralelos. No es un nombre simbólico: allá arriba, la realidad se desdobla. Hay un mundo sobre la tierra, vivo, mágico, vibrante. Y otro mundo, profundo y silencioso, que se extiende bajo nuestros pies en forma de cavernas, ríos subterráneos y memorias de millones de años.

Fue allí donde conocí los organales, esos cuerpos de agua ocultos en las entrañas de la montaña, verdaderos portales a lo invisible. Uno entra con linterna, pero sale con una luz distinta: la del asombro. Entiendes que este territorio es sagrado no por lo que creamos sobre él, sino por lo que ha sostenido durante eras enteras. El rincón jurásico y su gran roca silenciosa parecen custodiar los secretos de la Tierra.

En medio de ese paisaje conocí a Lili, arriera, baquiana, guerrera. De las más barracas que he cruzado en el camino. Y también a Rodrigo, quien me regaló una experiencia de silencio absoluto: noches estrelladas donde pude pedir deseos a estrellas fugaces que no eran metáforas, sino trazos reales cruzando el firmamento.

En la cotidianidad compartida, Palomo, el caballo blanco, me recordó que los compañeros también relinchan. Las llamas, gallinas, camuros y abejas angelitas tejen la biodiversidad de ese refugio, donde se respira propósito.

Colaboré en lo que pude, entre diseños gráficos y trazos de diseño permacultural, pero lo más valioso fue sembrar presencia. Sentí que ahí, en ese pedazo de mundo paralelo, lo que hace falta ahora es iniciar con fuerza un proceso de soberanía alimentaria. Toda semilla que llega debe ser sembrada. Todo esqueje, enraizado. No por escasez, sino por abundancia de voluntad.

Nunca imaginé aterrizar en un lugar con tanto amor, cariño y vocación. Me fui con el corazón sembrado y el compromiso de volver, de seguir acompañando estos sueños que nacen desde la raíz.

Porque si algún día tu alma te pide silencio, propósito y belleza, sube a Mundos Paralelos. No hay GPS que te lleve a lo esencial, pero este lugar se le acerca. Camina sus senderos, escucha los ríos bajo la tierra y deja que la montaña te hable. Aquí no solo se visita un santuario: se cruza el umbral hacia otra forma de habitar el mundo.

Desde Semilla Proyecto Gaia seguimos caminando al lado de estos territorios que siembran futuro. Acompañarlos, visibilizarlos y compartir su fuerza viva es también una forma de sembrar. La tierra está lista.

 

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