
Nos enseñaron a buscar lo bonito.
Lo pulido, lo que se ve bien, lo que no incomoda.
Pero la vida, en su forma más real y fértil, no siempre entra en ese molde.
Hay cositas —sí, cositas— que no son lindas ni instagrameables, pero que también merecen estar.
La ropa sucia después de una caminata larga.
Las palabras que duelen pero limpian.



