
He ido entendiendo, con el paso de los años y de los caminos, que los prejuicios son muros invisibles que cargamos sin darnos cuenta. Muros que, en lugar de protegernos, nos limitan. Muros que, más de una vez, me han quitado la oportunidad de conocer personas increíbles, de acercarme a lugares nuevos, de expandir mi manera de pensar.



